12/09/2008

El Charco.

"...Muchas veces hechos similares o iguales son bautizados de otra manera para dar la apariencia de que son distintos, tal y como sucedió con el empleo de “relacionista pública” de Rebeca. Esto se hace con el fin de engañar a la ingenua gente de una manera muy sencilla. El mismo caso sucede con mayor frecuencia de lo que uno se imagina en el ámbito del trabajo. El solo hecho de decir “trabajo” le da un aura de nobleza a la labor hecha. ¿Pero para qué se trabaja? Para satisfacer el propio instinto de conservación. Sin embargo, existe un grupo de humanos cuyo aparente poder se llama “codicia”. Dicho grupo minúsculo ha logrado convencer al mundo entero de que lo que hacen es un trabajo noble que fomenta el “desarrollo” y el “progreso”, cuando en realidad están robando vilmente a los demás. Son ellos expertos en dar normas de moralidad que los otros deben cumplir, pero son los primeros en transgredirlas. Pueden o no ser figuras públicas, pero siempre logran el respeto y la admiración de la opinión pública, porque se dicen a sí mismos “trabajadores”, porque “ganan” mucho dinero y porque tienen una vida “brillante” y “ejemplar”; pero en realidad su vida entera se ha edificado sobre la base del engaño. Además sus opiniones están encaminadas a convencer al resto de humanos para que trabajen incesantemente, siendo así “útiles” para la sociedad..."
Extracto del cuento "El Charco" escrito en el año 2008.
Oskar Olarte

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